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Monasterio de Carmelitas Carpineto Romano (Roma) |
El monasterio de las carmelitas de vida contemplativa de Carpineto Romano está situado sobre un monte frente a Semprevisa, Montes Lepini, a unos 70 km. de Roma y 20 de Colleferro, ciudad industrial de la comarca.
Rodeado de montañas por todos lados, ofrece vistas panorámicas estupendas, llenas de bellezas naturales y ricas de motivos contemplativos, en infinidades de silencio y soledad.
La comunidad reside allí desde hace 20 años y proviene de Jesi (Ancona), que a su vez fue fundada sobre 1700. Actualmente son doce religiosas profesas solemnes, seis junioras (en período de formación) y 2 novicias.
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"En mi corazón
![]() La terraza del Carmelo
![]() La comunidad reunida en el Coro
![]() Crucifijo milagroso del siglo XVI "La comunidad, siempre respetando sus ritmos de oración y trabajo, |
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A continuación el coro se alegra en la alabanza de los Laudes, invitando al mundo, que todavía duerme, a despertarse. Sigue la oración mental durante una hora, en la soledad de la celda y culmina con la misa, vículo de unidad, de amor, de fraternidad, de comunión en Cristo Eucaristía. Cuatro horas de continua oración, serena y alegre: es experiencia de Dios. La jornada se desarrolla en una alternancia entre oración personal o coral, trabajo bajo silencioso y encuentros fraternos. A las 18 horas, la comunidad se recoge para la gran oración de Vísperas, que abraza, en un ofrecimiento profundo y universal, las obras de todos los hombres y se hace sacrificio de acción de gracias y de perdón por todo el mundo. El día se cierra en la paz profunda y serena de la noche, que también es de Dios. Las completas acompañan a las monjas al descanso, sin que se interrumpa la trensión espiritual hacia Cristo en el cual y por el cual duermen en vigilante espera. Las monjas dedican a la oración en total siete horas al día, en el coro o en la celda, consumiendose en la alabanza al Padre, al Hijo y al Espíritu de Amor. A Dios creador y Señor de la vida pertenece la oferta de toda forma de vida. Las monjas se reúnen en el coro siete veces al día para cantar el oficio divino: al alba para el oficio de lecturas y Laudes; por la mañana, para la celebración de la Eucaristía y la hora de Tercia; a mediodía para la hora de Sexta; a primeras horas de la tarde para la hora de Nona, visita al SS. Sacramento silenciosa, recitación del Rosario, para la lectio; más tarde para completas y como fin de la jornada, para las Completas. Toda la existencia de la monja es de Dios: cuando ora, cuando trabaja y cuando reposa. El oficio divino es casi siempre cantado, porque el canto expresa – junto con el silencio – la armonía y la intensidad religiosa de la alabanza, de la adoración, de la acción de gracias. Las monjas trabajan unas cuatro horas al día: en los servicios de la casa, en los trabajos previstos para el sustento de la comunidad: repaso de la ropa, confección de escapularios, de rosarios, ediciones, filatelia, iconos, pintura, ganchillo, etc. Como todos los pobres, las monjas se ganan el pan "con el sudor de su frente" y participan en el trabajo y en la precariedad. |
El clima en el que trascurre la jornada está impregnado de silencio y soledad, de amor y de fraternidad, relación con Dios y con las hermanas. Conciencia de un mundo necesitado de su presencia y conciencia de la Iglesia que tanto espera de ellas.
Los días, en su continua "monotonía" no son nunca iguales: siempre son nuevos en el modo en que se viven, llenos de amor de Dios y de los problemas que preocupan a los hermanos, problemas que incorporan a la propia vida para presentarlos al Padre en nombre de cada uno.
No tienen programas particulares, no tienen urgencias, no tienen nada que conquistar: Dios sólo basta. Dios y su Reino.
La gloria de Dios y el bien de las almas. La vida eterna. El desnudo y dulce misterio pascual de Dios las rodea y las llena.
Quien sigue a Cristo, escoge la luz, escoge la vida, encuentra la felicidad.
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