José Moscati |
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Felice D'Onofrio O.F.M. Cap. |
Traducción por Antonella Nappo |
Las íntimas relaciones entre "soma" y psique
La necesidad de llamar la atención de los hombres acerca de los "héroes de la fe" está estrictamente unida al mensaje que ellos pueden continuar a dar con el ejemplo de su vida. Éste es el caso de San José Moscati.
Cuando en el hombre y en la sociedad está apartado el concepto de trascendencia los valores morales a la base de la convivencia humana y del equilibrio del individuo mismo empiezan inexorablemente a caer. El hombre puede poner todo el esfuerzo en la materialidad y en sentido horizontal en la sociabilidad pero, si no tiene ninguna visión "vertical", nunca hallará la llena realización de sí mismo.
Si necesitan ejemplos, basta con recuerdar el lento, continuo crecimiento del sentido religioso en los países del Este europeo, con el derrumbamiento del sistema ateo y materialista de escuela marxista que, durante 70 años, ha podido sólo amordazar pero no suprimir el anhelo espiritual de aquellos pueblos.
Al contrario, se debe reconocer que el indiferentismo, propio de los países libres occidentales, ha estado capaz de apartar más y más el hombre de las realidades eternas que deberían ser la meta a la cual aspirar siempre.
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| San José Moscati [Pintura de León José Buono] |
La persona humana es una inseparable unidad "espíritu-cuerpo", y tenemos que referirnos siempre a esta unidad. Sabemos que existen íntimas relaciones entre cuerpo (soma) y psique, así no hay alteración del uno que no influya en el otro. Indudablemente Sigmund Freud ha tenido el mérito de poner en evidencia los conflictos entre el mundo de los instintos, el mundo exterior y las exigencias culturales a la base del sufrimiento psicosómatico del hombre.
Igualmente interesante es la concepción de Erich Fromm que pone en evidencia como ningún sufrimiento psíquico o psicosómatico del hombre pueda ser entendido si no se tiene en cuenta del núcleo social en el cual el hombre vive.
Pero sobre todo Viktor Frankl basa el problema del sufrimiento psicosómatico del hombre en la falta de significación de la vida o "falta existencial". Para Frankl es un deber propio del médico tratar de entender y ayudar el enfermo, no sólo con la terapia farmacológica, pero con la terapia psíquica también.
En este sentido se inscribe la obra de José Moscati cuando se interesa también de las condiciones espirituales del enfermo en el cual investiga los síntomas para poder formular un diagnóstico. Moscati, en efecto, había perfectamente entendido que el desequilibrio moral, como el físico, lleva inevitablemente a una consecuencia negativa.
El hombre que no acepta sus límites, y sobre todo no sabes llevar la mirada más allá de los confínes de su materialidad y de su egoísmo, especialmente delante de las adversidades de la vida, o de unas enfermidades físicas, se vuelve pesimista y neurótico. En la casuística de cada médico los pacientes, o los que tienen una enfermidad orgánica agravada por la neurosis, son muy frecuentes.
Terapia para el cuerpo y atención al espíritu
José Moscati (1880-1927) ha practicado una intensa actividad médica en un período en el cual predominaba aquella visión de conjunto del enfermo después lentamente caducada en el tiempo, a causa del proliferar de las especializaciones, y hoy en cambio revalorizada, porque considera mejor el enfermo en toda su totalidad.
En este sentido Moscati, escribiendo a un colega, dice "Piensa que tus enfermos tienen sobre todo una alma, que ten que acercar Tú por el primero, y luego a Dios; piensa que tienes la obligación del amor para el estudio porque sólo así puedes cumplir con el grande encargo de socorrer las infelicidades".
A mi parecer este breve escrito, que puede ser el "vademécum" del médico creyente, también es útil para los que no profesan la fe pero entienden que el hombre no es sólo materia y por lo tanto no se puede ignorar su espiritualidad.
A un paciente Moscati dice: "Nunca he tenido preocupaciones por su salud corporal; a pesar de pequeñas y reparables avérias, he siempre pensado que Usted es un hombre fuerte...¡ pero tenía una preocupación por su salud espiritual!".
Moscati siempre amaba decir abiertamente todo su piensamiento acerca de la necesidad de curar y observar alma y cuerpo en lo mismo tiempo. Ad un amigo suyo aconseja: "Volved a profesar [la fe] y juro que, no sólo el espíritu, pero la carne también será fortalecida: curaréis con el alma y con el cuerpo".
Moscati no confundía la patología orgánica con la espiritual, pero estaba llenamente seguro de lo que ha expresado Rahner en ámbito teológico después, es decir que existe una relación "entre el espíritu y el cuerpo; el uno no existe sin el otro." Pero la terapia espiritual de Moscati no se resolve siempre aconsejando los sacramentos; el médico se refiere a la clase de vida que se debe hacer, también.
Durante el proceso canónico el Prof. Mario Mazzeo, un estudiante suyo, destaca este aspecto cuando cuenta que Moscati había dicho a un pariente suyo: "Usted no tiene nada… Trabajad, luchad la indolencia y cambiad de vida, con una mujer o de otro modo".
Creo sea interesante lo que afirmaba Agostino Gemelli sólo tres años después la muerte de Moscati, poniendo en evidencia el perfecto equilibrio que lo regulaba, en la doble dimensión de médico y de hombre de fe: "Quien está seducido de ver como primiera causa una especie de anómala exaltación religiosa, se olvida de quien fue José Moscati: un temperamento contrario por naturaleza humana, por educación, por mentalidad a cada desequilibrio, exageración, exhibicionismo, sin alguna huella de pietismo que es, más o menos, morbosa degeneración del sentimiento religioso. A menos que se identifique con la manía religiosa cada especie de proselitismo, incluido lo inteligente, moderado, mirado, perfectamente discreto de un hombre como Moscati, acostumbrado a sondear, además las enfermidades fisiológicas, también las psíquicas y morales, de las cuales frecuentemente dependen las primeras".
El sacramento de la Reconciliación (Confesión)
La actualidad de la lección de Moscati está en un argumento particularmente delicado de nuestros días. Ya es notorio como se ha caducado en la consideración de muchos creyentes el sacramento de la Reconciliación (Confesión). Pero es un dato incontrastable que el hombre tiene la necesidad de una comparación con sí mismo, y seguramente advierte el desequilibrio que se introduce en él cuando hay un apartamiento de la ley moral, que además siempre da confirmación a las leyes fisiológicas que lo costituen.
La formación del yo biológico, que caracteriza cada una vitalidad, necesaria para las relaciones con el mundo externo, se realiza desde el nacimiento paralelamente con el crecimiento psicológico para la "formación de los confínes del nuevo ser humano".
Esto no debe llevar a confundir el autognosis con el alma, porque, como dice Eccles, "entre alma y cerebro hay una correspondencia pero nunca identidad". Las dos actividades, la espiritual y la anatómico-funcional, son en relación, pero no son la misma cosa.
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| Ministerio de la Reconciliación en la Iglesia del Jesús Nuevo |
Claro que el pecato o la culpa no puede y no debe identificarse con la enfermidad y que el pecador no es un neurótico o un enfermo. Pero cualquiera culpa moral o pecato es siempre un tipo particular de abjuración voluntaria de la obra de Dios, y por eso produce un desequilibrio que causa una influencia negativa en el hombre.
Por otra parte el sufrimiento psico-físico se puede entender sólo en lo concreto de la vivencia, porque se deben tener en cuenta sus interrelaciones con la personalidad, cuanto más posible completa, con el individuo. Además no puede ser subestimado el ámbito social en el cual vive.
La culpa difícilmente se vuelve a golpear sólo en él; interesa y lleva desequilibrio también en el ambiente que lo circunda y en el cual él vive, así realizando también una influencia social. Es esto el concepto de "de culpa circular".
La conciencia de la culpa, como el dolor, realiza una función reparadora: es expresión de reactividad, esfuerzo de restauración eficaz, porque nos puede redimir del mal. Todo lo que Dios ha creado tiene un orden suyo y cada cosa es realizada según una ley que es entretanto inmodificable y necesaria.
En la moral cristiana el pecato, así como el dolor, no confina con la nada, pero reivindica una esperanza, que puede ser válida sólo si se tiene la fuerza de no dirigir la mirada siempre en sentido horizontal, hacia nosotros y la tierra, pero también en sentido vertical; en la inmanencia es necesario tener siempre la mirada fija en la trascendencia.
En el mundo moderno, con el debilitamiento del pensamiento metafísico y teológico, se ha modificada profundamente la identidad ontológica del hombre. En este sentido mucha parte de la patología neurótica de nuestros días reconoce un sustrato suyo o una origen suya, en un desnivel moral considerado en el sentido más vasto, es decir como pecato verdadero, y como modo de vivir no más según el orden biológico, en el cual sin embargo tenemos que encontrarnos si queremos ser en equilibrio.
La función de la Reconciliación en el crecimiento del hombre
El médico, pero sobretodo el biólogo Moscati, el cual había entendido muy bien este problema, en una época en la cual predominaba la "religión de la ciencia", no tuvo miedo de poner en evidencia esta relación en sus pacientes.
Entonces parece lógica su insistencia en el aconsejar también la terapia del espíritu cuando era necesaria, y nada menos que de considerarla prioritaria en casos particulares. Por otro lado en esta época de tecnología de punta, estamos asistiendo a una lenta reaparición de los valores espirituales, después de la vana y desgraciadamente dañina busca del bienestar en la larga lista de psicofármacos, o en una psicoanálisis que frecuentemente no considera los valores imperecederos del espíritu, pero todo quiere resolver en ámbito material.
La Reconciliación, considerada en la visión cristiana, se pone por Moscati como el medio para poder ver mejor en sí mismo, pero sobretodo para intentar entrever al fondo de cada uno de nosotros el signo indeleble del Creador, el cual siempre se queda nuestro punto de referencia más importante.
En esta visión, cuando no hayan patologías mentales que priven el individuo de sus capacidades críticas, la Reconciliación se pone como un medio eficaz para llegar más simplemente a la solución de los problemas psicofísicos, que sin embargo pueden mejorar, o ser curados completamente, sólo si se intenta encontrar en sí mismo los valores morales que puedan satisfacer el ansiedad de un equilibrio perdido.
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| El Prof.Felice D'Onofrio, autor del artículo |
Indudablemente nunca se deben confundir las funciones del sacerdote y del médico, dado que los ámbitos de acción son diferentes, pero el uno y el otro se podrán encuentrar en aquella zona donde el confín entre las dos esferas es sombreado; a este nivel es necesaria una colaboración abierta y sin personalismos.
Observando el problema como médico, creo que a veces para el creyente sea propio el sacerdote áquel que más puede obrar en esta zona de confín, posiblemente siempre colaborando con el médico. De esta manera podrá ser evitada o en cualquier caso reducida una terapia farmacológica, que siempre comporta modificaciones artificiosas de las reacciones celulares, del entero organismo y de las cerebrales en particular.
La Reconciliación pide tacto, paciencia y fe de parte del sacerdote: pero es el medio más eficaz porque la Palabra de Dios sea personalizada y lleve más seguramente su beneficio. Droga, alcohol, sexo, indiferencia, sentido de aburrimiento… son todas expresiones de un vacío existencial, propio del hombre que ha cerrado su alma delante de la luz de Dios.
Para volver a abrir las ventanas y recibir un pequeño rayo de luz es necesario sentirse oídos, poder hablar de nuestros problemas en una visión que favorezca el espíritu. El hombre debe poderse liberarse de su mezquindad para cumplir un salto de calidad, dirigiendo la mirada a la eternidad. De esta manera su limitación y su caducidad no serán delimitadas por un abismo, pero por la segura esperanza de una vida que no termina y por la cual también el sufrimiento físico y psíquico, así como la conciencia de la propia culpa, puedan volverse válidos apoyos para proseguir el camino.
La supremacía del espíritu
Moscati, médico y héroe de la fe, había asimilado la noción fundamental de la supremacía del espíritu sobre el cuerpo precisamente por medio del estudio cuidadoso y diligente del enfermo. A tráves de la "carne que sufre" de su paciente sabía entrever el sufrimiento del espíritu y cayó en la cuenta de la necesidad de curar éste también, nada menos que prioritariamente, si necesitaba aportar un verdadero beneficio al cuerpo.
Hoy un número creciente de datos epidemiologícos y experimentales parece acreditar la tesis según la cual los estados emotivos pueden determinar una reducida defensa inmunológica y favorecer en consecuencia enfermidades infecciosas y neoplasias.
Por otra parte son bien notorias desde mucho tiempo algunas patologías vinculadas a estrés emotivo, como la llaga péptica, la hipertensión arteriosa, la colitis ulcerosa, el asma bronquial ecc. En esta visión creo que la Reconciliación, a pesar de que no se puede considerar en función terapéutica, representa un punto de referencia de grande relevancia para los creyentes.
Médico y sacerdote: dos funciones diferentes con una zona de confín sombreada. José Moscati entendió que aquél era su campo de acción también, como médico y creyente. Con la humildad que lo distinguía, después haberla puesta en evidencia, también sabía apartarse para permitir al sacerdote de hacer su parte.
Esta lección de José Moscati se puede concluir con esta frase suya: "El médico está en una posición de privilegio, porque está muchas veces delante de almas que, no obstante sus pasados errores […] están allí ansiosas de hallar un consuelo, acosadas por el dolor. Beato aquel médico que es capaz de comprender el misterio de estos corazones y inflamarlos otra vez" (Carta del 8 de marzo de 1925).
Por eso él hizo de la profesión médica un ministerio para curar los enfermos y también para acercarlos a Cristo, muchas vecez con el ayuda del ministerio sacerdotal, que tiene una posición toda particular propio en el campo de la Reconciliación, dado que puede alcanzar el hombre en su totalidad, dotado, como dice Eccles, de una "individualidad única que recuerda la necesidad de una creación divina. Problemas […] que muchas veces son descuidados por la filosofía contemporánea. Probablemente esto se debe al materialismo difundido, que es ciego delante de los problemas fundamentales que derivan de la experiencia espiritual".
A la experiencia del individuo se debe dirigir la atención en la Reconciliación, que no podrá nunca hallar un subrogado en formas que no tienen en cuenta de esta realidad y privilegian, por ejemplo, las colectivas, o nada menos que la reducen a un coloquio personal con Dios. Ha estado en cambio Dios mismo a querer que por medio de los hombres se concediese su perdón, estableciendo - como dice Moscati - "el ministerio sacerdotal así alto y divino".
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