"Ser de Dios..."
Las Carmelitas de Carpineto Romano - 1

Egidio Ridolfo s.j.
Traducción de Eloy José Santos

La terraza del Carmelo

Carpineto Romano, un Carmelo consagrado a Santa Ana, Carmelo de "Antigua Observancia", pero con una joven comunidad de clausura, que atestigua la presencia viva y laboriosa de Dios entre nosotros...

"En mi corazón había como un fuego ardiente, encerrado entre mis huesos; me esforzaba en contenerlo, pero no podía..." (Jeremías 20, 9)

"Desde el alba hasta el ocaso, y en la nueva luz de la mañana – noche y día – la carmelita vive en la contemplación del Dios viviente.

Medita la ley del Señor, participa, desde el encierro en la celda, en todas las vicisitudes de la vida del hombre..."

Como en los demás monasterios, la jornada de las monjas, que transcurre entre oraciones, trabajo y descanso, comienza con el alba...

La comunidad reunida en el Coro

  • 05.15: Oficio de Lecturas y Laudes
  • 06.30: Meditación
  • 07.30: Santa Misa
  • 08.15: Hora Tercia
  • 11.35: Hora Sexta
  • 15.00: Hora Nona – Rosario
  • 18.00: Vísperas
  • 18.30: Meditación
  • 21.00: Completas

... el día culmina en la paz
inmóvil y serena de la noche, que también pertenece a Dios...

Una comunidad que reza, que trabaja, que ama...

La carmelita, como María, vive a la escucha de la Palabra de Dios, en actitud de fe.

Como muchas otras comunidades de clausura, el Carmelo de S. Ana vive sólo de su trabajo: confección de escapularios, coronas, creación de cuadros e iconos. Cosido. Confección de hábitos litúrgicos, y otras tareas esporádicas que nos solicitan...

También el trabajo es una vía de maduración interior...

"La fuerza proviene de la firme confianza en que Dios está con nosotras, y que su Providencia siempre estará presente..."

Dos o tres veces al año el Carmelo publica un boletín, realizado con sus propios medios y gracias a un ordenador, que no desentona en absoluto en la clausura... Esta pequeña revista, cuyo título es "Flos Carmeli" (La Flor del Carmelo), mantiene viva la comunión espiritual con cuantos conocen y sostienen a la comunidad, y les comunica todo lo que obra el Señor a través de sus personas, en el recinto de la clausura pero con una energía de amor que se transmite al exterior sin pausa y que "incrementa a la Iglesia con una secreta fecundidad apostólica" (Perfectae Caritatis 7).

Las noticias de la presente página están extraídas de este boletín .

¿Por qué la clausura?

"Ser de Dios..." radicalmente... ¿Cómo se vive esta particular opción de vida?

Ciertamente las dificultades no faltan: a períodos de entusiasmo suceden otros en que hay que luchar, en que la luz interior parece escondida tras nubes espesas... después vuelve el sereno... pero el alma, en este sucederse de luz y de oscuridad, conserva en lo profundo una gran paz, porque se siente ubicada allí donde el Señor la ha querido...

Para entender todo esto, nada mejor que el testimonio de las mismas carmelitas, recogido en las cartas publicadas en el boletín de este Carmelo de Carpineto Romano, que ofrecen una idea de las motivaciones espirituales que también hoy impulsan a tantas jóvenes a optar por esta antigua forma de vida religiosa.

Empezamos con dos cartas de Sor María Eliana del Sagrado Costado. En la primera, anuncia su Profesión provisional:

La Virgen del Carmen

"Os escribo antes de entrar en el retiro, con ocasión de la cercanía de la Profesión. Como sabéis, el 22 de febrero, en nuestra iglesia de San Juan Apóstol, se celebrará la ceremonia de mi "ingreso", y yo haré los votos: ¡increíble pero cierto! [...]

¡Me habéis conocido en vaqueros y jersey (¡largo y ancho!), y ahora me encontráis en túnica y velo! Me llamaban Lili... y ahora soy Sor María Eliana. A mí misma me resulta extraño decirlo, pero os aseguro que sigo siendo yo (¡no os asustéis!), aunque desde luego la Gracia del Señor ha hecho en cierto modo verdaderos milagros, en tiempo tan "breve". ¡Desde fuera me parece que me he "alargado" y "estirado" (pero lo que cuenta es el interior), y además tal vez es sólo una impresión mía, ya que en el Carmelo no hay una "colección" de espejos...!

De todas maneras estoy bien, y esta carta es un simple intento de compartir la paz que siento a la espera de entregarme totalmente a Jesús: voy a devolverle mi joven vida, incorporándome a su proyecto de Amor. Sobre el altar de Su Voluntad haré con júbilo mis votos. Ahora soy verdaderamente feliz, y deseo serlo junto con todos vosotros. Os espero, y hasta que pueda ofrecer mi vida por vosotros, os acompaño con la oración".

El Carmelo de Carpineto Romano

La misma carmelita, cinco años después, comunica la fecha de la Profesión solemne:

"Ya han pasado cinco años... [...], y aquí estoy de nuevo con vosotros para invitaros a tomar parte de mi alegría: el sábado 22 de febrero haré Profesión Solemne en la Familia Carmelita. [...]

Los consejos evangélicos que se "abrazan" definitivamente durante el rito de la Profesión Solemne son los mismos que ya había prometido hace cinco años: la "diferencia" es que ahora los pronunciaré definitivamente sin necesidad de seguir renovándolos anualmente. [...]

Por eso, si me véis postrada en el suelo durante la Profesión... ¡no tengáis miedo! no me he desmayado; la actitud externa revela la interior y profunda de disponibilidad al Señor con una entrega "hasta la muerte". También sobre mí "el Poder del Altísimo extenderá su sombra" (Lc 1, 35), y será "Él quien culmine esta obra ya iniciada hasta el día de Cristo Señor" (Fil 1, 6).

Crucifijo milagroso del siglo XVI (Carpineto Romano)

La frase que encontraréis escrita en la estampa que os envío: "Éste es para siempre mi descanso, aquí habitaré porque así lo he deseado" (Sal 131, 14), la he elegido por dos motivos. En primer lugar, porque explica mi intención, y luego porque aclara la motivación de mi decisión, por lo que se podría decir también: "Mi bien es estar cerca de Dios: es Dios mi destino para siempre" (Sal 72, 26.28).

"¡Gracias, Señor, por el don de la vocación!"

Oración de Sor María Emanuela de la Eucaristía y Santa Inés, escrita para recordar los diez años de Profesión:

"Gracias por la vocación, por haberla llevado a término en el Carmelo, en tu casa.

Gracias por la confianza que depositas en mí, poniendo en mis manos dones estupendos: el don de la fe, el don de la oración, el don del sufrimiento, el don del amor... [...]

Nada puede superar la plenitud espiritual que me das a cada instante, que me hace tomar consciencia, incluso ante obstáculos insuperables para la naturaleza humana, de que Tú estás por encima de todo y de todos... [...], que contigo puedo salir victoriosa de cualquier dificultad humana.

Con la fuerza de ese don de fe que permite ver los acontecimientos con los ojos del alma, en virtud de esta fe he visto en mi vida las obras maravillosas que has realizado en mí, gracias espirituales que están en lo más profundo del alma... [...]

No existen palabras humanas para describir tu inefable presencia, y lo que obras en mi alma es un lenguaje espiritual que no se puede transmitir, es vida sobrenatural que palpita en mí.

Eres Tú que vives en mí, conmigo pobre criatura... que haces grande con tu Amor..."

Segunda parte: Sed de absoluto – Fundamentos vivos de fraternidad – Una comunidad acogedora – "Empujar a la Esperanza"


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