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Una carta preciosa e inédita de Moscati acaba de llegar a nuestros Archivos Sebastiano Esposito s.j. |
Se lo debemos a la bondad del Sr. Emilio Bozza, que residía en Melfi, una fotocopia de una carta inédita de Moscati, directa a su abuelo, el Dr. Emilio Bozza, (1878 - 1963) que fue contemporáneo del Santo Doctor en todos los estudios.
El grado de Emilio Bozza (el abuelo), conseguido en Nápoles, es del 9 de agosto de 1902 y Moscati se graduó un año después. Es casi seguro que ha habido contactos entre la Universidad y ellos dos.
Como para Moscati las condiciones familiares y económicas para el Bozza no eran muy favorables. Su nieto, nos hace saber que su abuelo nacido el 5 de enero de 1878 en Nápoles, perdió a su madre a los 13 años, mientras estudiaba en la escuela secundaria Salvator Rosa de Potenza, también su padre Giovanni Antonio murió.
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El Dr. Emilio Bozza |
Frecuentó la Universidad de Nápoles en compañía de su hermano Angelo, inscrito en la facultad de derecho. Su abuelo Angelo Bozza, también médico, le pagó sus estudios universitarios. La familia era numerosa, las condiciones económicas no muy buenas, pero los dos abuelos Emilio y Angelo hicieron algunos sacrificios, para que los dos hermanos siguieran estudiando y aprobaran brillantemente sus exámenes. Es necesario observar que el árbol genealógico de los antepasados del donatore, Todo bien documentado que constaban médicos, abogados y escritores de temas diferentes, muy unidos por una tradición sólida de fe cristiana. (1)
Abuelo Emilio se casó con su prima Maria Giovanna Bozza, tuvo un único niño, Giovannantonio, padre de Emilio Bozza, la persona que tan amablemente nos ha enviado la carta que nos apresuramos transcribir aquí:
Dr. Giuseppe Moscati
PROFESOR DE QUÍMICA FISIOLÓGICA Y CLÍNICA MÉDICA A LA REAL UNIVERSIDAD DE NÁPOLES
MÉDICO DIRECTOR DE CLÍNICA Y DIRECTOR DE LOS LABORATORIOS DE LOS H0SPITALES REUNIDOS DE NÁPOLES
SOCIO AGREGADO DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICOQUIRÚRGICA DE NÁPOLES
Mi querido colega Bozza,
Tengo aún secuelas de la gripe.
Pero en Nápoles no tenemos esta enorme epidemia de la que se habla: creo que hay menos enfermos aquí que en las otras ciudades.El caso que acaba de indicarme me deja suponer, a primera vista, que se trata, de una apendicitis crónica o de la tuberculosis. Pero la apendicitis crónica es la consecuencia de una apendicitis aguda; el período de las fases agudas es más o menos rápido. Por el contrario aquí, se observa un deterioro lento y progresivo con aparición de adenopatía, sin fiebre, fenómenos opuestos a la apendicitis crónica. Pienso, y se lo digo en toda franqueza- que se trata de un neoplasma. He aquí lo que es necesario hacer puntualmente:
1.El enfermo debe recurrir al Médico Número UNO: Nuestro Señor; debe ser en la gracia de Dios, abandonarse a Dios en la Santa Comunión. Encontrará la paz, sus fenómenos neurasténicos terminarán y los médicos estarán más tranquilos.
2. A la mayor rapidez posible realizar un control por rayos X, para una posible intervención quirúrgica.
Desde hace tiempo odio (precisamente porque las utilice) las vacunas antituberculosas, nada satisfactorias y además inútiles, y a menudo peligrosas.
En mi alumno Guido Piccinino que es a quien confío siempre los controles por los rayos X (424, rue Roma, Spirito Santo, exactamente en frente de mi casa).
Amistad sinceras - su muy sacrificado
Gius. Moscati
* * *
Se ha de tener cuidado, en primer lugar, con la fecha: Moscati envía esta carta exactamente un mes antes de su muerte (12 de abril). No es para dar una cronología exacta que decimos eso, pero es una invitación a reflexionar a reflexionar sobre la constancia extraordinaria y la vitalidad de Moscati que, al final de su vida sigue escribiendo, aconsejando, juzgando y criticando con la misma vitalidad de diez o veinte años antes.
En primer lugar tranquiliza a su amigo sobre su estado de salud y sobre el de la ciudad. Después trata el caso que su muy Querido Colega le sometió y le propone dos elecciones, su diagnóstico lo termina asì: Pienso - y se lo dice con toda franqueza - que se trata de un neoplasma. Se conoce muy bien la extraordinaria exactitud del diagnóstico del Profesor que conocía muy bien los límites de la vida y de la ciencia.
En este punto, por una lógica que solamente una persona que cree puede comprender, el Profesor Moscati enumera algunos remedios urgentes, al primer lugar está el siguiente: el enfermo debe recurrir al Numero Uno de los Médicos: Nuestro Señor; y sigue: debe ser en la gracia de Dios, abandonarse a Dios en la Santa Comunión.
Ciertamente, esta receta médica extraña, hecha por un famoso médico, asombrará los que no conocen con profundidad la historia y los escritos de Moscati. Me limitaré a citar un caso totalmente similar que data del año 1925. Es necesario que haga referencia para poner de manifiesto que la condición de 1927 no es un caso aislado para dar prueba de la continuidad de la manera de actuar, rara y heroica del Médico Santo.
Se trata de una carta dirigida a Bartolo Longo, ilustre fundador de la Nueva Pompei; Moscati colaborará (con su hermana Nina) constantemente en esta grandiosa actividad caritativa como benefactor y médico curante.
He aquí el principio de la carta:
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Parte de la carta enviada por el Prof. Moscati a Dr. Bozza |
Nápoles, el 7 de septiembre de 1925
Muy Sr. mío:,
Anteayer el ingeniero Gustavo D’Agostino, en compañía de su hermano S.E. el Presidente del Consejo de Estado, vino a visitarse. Tiene una muy grave enfermedad (un cáncer); pero esto no significa que no se pueda curar con una intervención quirúrgica ya contemplada. Tengo una leve esperanza que no sea un cáncer, pero más bien un granuloma: lo veremos pronto, en 10-12 días, porque si se trata de un granuloma, curará como por obra de magia gracias a una inyección (terapia probatoria). Pero el gran problema es que el Ingeniero de Agostino…
En este punto un pobre lector (como yo, me ha pasado lo mismo cuando he leído por primera vez esta carta) se plantea una cuestión: El gran médico habla de un cáncer, sin embargo añade: Pero el gran problema es que… ¿Hay quizá algo de más gravedad que un cáncer?
El Médico Santo nos da los detalles:
¡Pero el gran problema es que el Ingeniero de Agostino se alejo ya hace tiempo de los Sacramentos! ¡Pretende ser un hombre sin pecado! Y S.E. de Agostino está convencido de que un hermano debe pensar en el mismo y no ha de pensar en el otro. Yo reprendì dulcemente d el ingeniero, mostrándome sorprendido de su afinidad al ambiente de Bartolo Longo… ¿Cómo se puede abandonar este alma a los peligros que corra? Estoy seguro que este hombre se salvará; pero ha tenido una gran advertencia; usted sabe que estas enfermedades, una vez curadas, se reproducen con una muchísima facilidad, la cual cosa intentaremos impedir con la radioterapia, después de la operación quirúrgica. Quise escribirle, para que la Virgen de Pompei llame a ella este alma buena pero débil. (2)
Pienso que todo comentario resultaría, yo no digo inútil, pero muy difícil: sólo es necesario aceptarlo en silencio y con veneración.
En cuanto a la invitación a recibir la Santa Comunión, entre las decenas y decenas de exhortaciones dirigidas a pacientes, colegas y discípulos voy a citar solamente dos:
No olviden de abastecer su alma recibiendo a nuestro Señor en la santa comunión, así como abastece - y es su deber irrevocable - su cuerpo. (3)
Aprovechen de las Pascuas para acercarse a Dios en la comunión y tomen de él la inspiración para su futuro. (4)
Una vez más Moscati se revela como el Médico Santo, y los santos son capaces de asombrarnos y de enseñarnos muchas cosas.
Notas
1. además de varias fotografías de su abuelo, Emilio Bozza nos envió este Acto singular de Fe redactado por un lejano antepasado en estilo poético popular que se lee del siguiente modo:
Creo en ustedes mi Dios, uno y Tres a la vez y espero que perdonará mis pecados.
Te amo porque tienes que ser amado, lamento haberte despreciado
Bondad infinita, Mi alma extraviada, abrumada por un gran dolor,
Promete confesarse y cambiar de vida. Quiero dormirme y morir durmiendo.
Que Dios y su Tribunal, me den la Santa muerte.
2. A. MARRANZINI, Giuseppe Moscati. Modello del laico cristiano di oggi, Vol. I, Roma 2003, pp. 319 -320.
3. op. cit., p. 240
4. op. cit., p. 256.
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